martes, 24 de abril de 2018

Becqueriana / 132



No sabes hacerlo, me dices. Miro el estanque y te miro. Una vez escribí un soneto con rima, respondo. Fantástico, ¿y ahora? Insistes en el reto. Sé que no abandonaremos el banco del parque donde nos hemos sentado hasta que lo intente. Menos mal que la sombra de un tilo nos acoge mientras pienso. Con un palo, quizá, puedo dibujarlos en la arena y saltar de uno a otro. Nunca lograrás darles idéntico color, dices tras adivinar mis pensamientos, y añades: No sabes caminar sobre nenúfares. Yo sí. ¿Quieres verlo? Cierra los ojos. Y unos labios caminan sobre los míos.

domingo, 22 de abril de 2018

Poética del atardecer



Serpenteo esquivando los charcos al caminar hacia la tarde y avanzo entre un suelo de nubes. Dentro de los bolsillos del gabán los dedos practican glissandos para la clase de una profesora rigurosa. Voy y no voy. Los pasos me acercan y me alejan. Ensayo conversaciones como un actor repite réplicas ante un espejo poco antes del estreno. Cuando tenga un poema entre las manos le sonreiré a la literatura, que me estará mirando desde una mesa al fondo de la cafetería. La lengua en la que escribo cada día me habla desde cualquier rincón. Los campos huelen a lluvia.

viernes, 20 de abril de 2018

Gorriones



El libro de texto del día se abre con el vuelo de un gorrión que abandona las ramas del olivo para detenerse en los cables de la conducción eléctrica, donde el primer rayo de sol dibuja sobre el sembrado una línea recta con su perfil de mago alado. Estudio en esta humilde lección de la mañana la teoría de las sombras. Lo que la luz ilumina el aire lo dibuja en la distancia con claroscuros. También mi retrato opaco me sigue cuando camino hacia el este, tras mis pasos, iluminado por el sol en el rostro. Sin ver la sombra.

lunes, 16 de abril de 2018

En compañía



Nunca está sola la palabra soledad. Un artículo le brinda su mano y salen a pasear juntos por la frase. Una nube de adjetivos la ronda siempre con la intención de hacerla más grata, o amable, incluso acompañada. Hay verbos que la alejan y otros que la acercan. Sustantivos que se enamoran (y hasta dan esquinazo a sus artículos para poder verse a solas con ella). No siempre les hace caso, sin embargo, por sentirse más sí misma, pero a veces encuentra en alguna que otra palabra, en un momento de soledad, aliciente para dejarse querer, por ejemplo, en compartida.

domingo, 15 de abril de 2018

# 592


Mejor olvidarse de las fiestas para adorar la fiesta. Que el calendario paute las alegrías no estimula a nadie. Para disfrutar es preferible transformar cualquier momento de un día cualquiera en una verdadera celebración. Sin que nadie lo haya estipulado ni exista previsión alguna. Así como así. Hoy: fiesta. A veces, al llegar a casa y quitarse las ropas de ciudad, de repente apetece vestir otras, inaugurar un hábito distinto. O convertir el paseo en una fiesta que se celebra en ese lugar al que tanto apetece ir a deshora. Quitar las fiestas del tiempo y colocarlas en el espacio.

jueves, 12 de abril de 2018

# 591


Ya no solo cambia el número. A veces el nombre del mes. Con los meses, la cifra anual. Cada día es, ahora, por fin, diferente. Cada jornada conserva un recuerdo distinto de su acaecer en el tiempo. Su almacén ha dejado de ser el calendario para instalarse en el territorio de la memoria. Cada fecha se siente orgullosa de sí misma. De lo que ofrece. De sus matices. De su singularidad. Y brinda, a quien quiera escucharla, noticias de su carácter. Cada día regala el lugar más propicio para ser vivido. Si hoy llueve, será el momento de pisar charcos.

miércoles, 11 de abril de 2018

# 590


Un paseo ordena el mundo. Su caos, su sinsentido, su dejadez. El caminar recoloca en su lugar los elementos del paisaje del mismo modo que el pintor compone una armonía cromática sobre el lienzo o que el fotógrafo afina la mirada para descubrir donde no hay nada un tema. El rumor de los pasos le escribe la partitura a la secuencia. Miro y las líneas se emparejan, los colores se combinan, las aves trazan movimientos inauditos en el cielo. Atravieso el río y queda a mi espalda el puente y la ciudad ya trazados. Con una idea de sí mismos.

lunes, 9 de abril de 2018

Maga Losnay, dietario # 589


Nada hay tan divertido como mezclar palabras y dibujos. Tan irreverente como suplantar palabras con dibujos, dibujos con palabras. El caligrafiar un paisaje con acuarelas o el trazar con acuarelas las líneas de una carta. Nada hay tan estimulante como combinarlo todo y encontrar sentido a cualquier combinación capaz de ser imaginada. Porque solo el pensamiento racional separa las artes y las cosas. Una manera de comprender escolar, que disgrega cuanto permanece unido, olvida las singularidades que cada cosa posee para enfrentarla a una idea de cosa que sirva para todas las cosas. Pero nadie piensa así si quiere divertirse.

sábado, 7 de abril de 2018

Dietario de sensaciones, 44



Hay un instante en el que la calma desciende sobre los cuerpos para abrigarlos y bajo su manto, mientras el sudor se funde con el sueño y las respiraciones se acompasan con el balanceo de dos actores camino del fundido final de la película, la noche susurra sonidos que parecen un bordado en la sábana del silencio. El sapo que croa en el estanque próximo. Una lechuza ulula en la nada. El ladrido enigmático de un perro. Son quizá palabras pronunciadas durante el día en un lugar lejano que llegan con atraso a los oídos, y cuyo significado desvela incógnitas.

jueves, 5 de abril de 2018

Dietario de sensaciones, 43




La visita del viento estremece la superficie sosegada del cauce. Su fluir cotidiano, un ir yendo por los días ensimismado, tiembla de repente, se agita. Siente. El tiempo abandona su condición de túnel y la corriente, sin remedio, olvida su destino. Cuando la mano del viento roza su piel. Se remueve en el lecho. Vibra, se desorienta. Se daría la vuelta y regresaría a las fuentes para tumbarse en los prados de montaña a percibir el aliento de los bosques. Basta que el viento lo acaricie. La longitud se alza en una inflamación vertical que convierte el río en géiser.

martes, 3 de abril de 2018

Dietario de sensaciones, 42



Todas las palabras son mágicas. O mejor será decir que son magos. Extraen del sombrero de unos sonidos la paloma blanca de un significado. Nada por aquí, nada por allá, dicen las palabras, y de repente sale de la nada una ristra de pañuelos anudados. Son las frases que descubren lo que existe. Que le dan sentido. Se mira a veces sin saber qué se ve, son las palabras las que le explican qué está viendo a la mirada. Uno va por la calle despistado y de pronto le dicen algo, sonríe y la piel de la realidad se estremece.

domingo, 1 de abril de 2018

Dietario de sensaciones, 41



El invierno dedica sus noches a la fabricación del blanco. En pleno dominio del negro nocturno, teje una sábana de blancura sobre el paisaje. Y cuando llega por fin la luz, su paleta de colores le resulta inútil. Ni puede pintar los árboles, que amanecen blancos; ni los campos, que se extienden blancos; ni los tejados, que lucen blancos. Solo se le permite gastar unas gotitas de marrón mezclado con una pizca de amarillo sobre los pájaros que sobrevuelan la blancura. La insistencia de la luz, sin embargo, con las horas, acaba imponiéndose y devuelve los colores a la costumbre.

viernes, 30 de marzo de 2018

# 588


Linternas, lámparas, bombillas. La claridad no está en encenderlas a la máxima potencia, sino en apagarlas. En dejar la luz de la luna acostada sobre la arena del sendero que se sigue. No está la claridad en borrar las sombras ni en desbaratar las penumbras, sino en comprender a través de la umbría la certidumbre del camino. No aparece más claro lo que no ven los ojos, sino lo que se sabe que está ahí aunque para verlo sea preciso cerrarlos. La claridad no solo oculta, sino que acostumbra a vivir sin aquello que esconde y solo de madrugada muestra.

miércoles, 28 de marzo de 2018

# 587


Cuanto se ha descubierto hasta hoy aún queda por descubrir. No basta ponerle nombre, fecha, lugar. De nada sirve archivar los descubrimientos en gabinetes cerrados con llave, ignífugos y herméticos o en simples cajas de cartón, paraíso de los pececillos de plata. Dentro, carecen de propiedades, de sensaciones, de provecho. Los descubrimientos andan siempre fuera. A la intemperie. Hay que ir a ellos, y descubrirlos cada vez una vez más. Y están, también, en quien los anda buscando. Que al encontrarlos, sabe que los ha encontrado. Los comprende. Los hace suyos un instante y luego los deja a su aire.

lunes, 26 de marzo de 2018

# 586


Nada hay en el tiempo donde reconocerse. Va a lo suyo, cuenta las horas por minutos y los minutos por segundos. Lo único que le importa es no descontarse. Sabe que avanza solo porque existen las fechas y las numeraciones. Sus ojos andan ciegos para cuanto ocurra a su alrededor que no sea su paso marcial. Sin embargo, cómo nos parecemos al espacio, aquel hermano menor del tiempo. El olvidado. Tan iguales al sitio donde estamos somos que si contemplamos nubes, somos nube; si andamos, sendero; si paseamos por la playa, oleaje. Cualquier lugar adquiere ser con lo que somos.

sábado, 24 de marzo de 2018

Maga Losnay, dietario # 585


La palabra oscuridad ilumina. También se puede bailar con la palabra silencio. Los días le añaden significados nuevos a lo que se dice con costumbre de siglos. Sentidos que se incorporan a las palabras, aunque solo los conozcan pocas personas. Igual que los cuentos enseñan que la palabra alfombra vuela y que la palabra flauta reúne, se acumulan otras enseñanzas en las voces con las que se ordena la realidad para que la realidad continúe siempre desordenada. La palabra río acerca, se puede nadar en la palabra duna. Y cada atardecer guardo con mimos en un tarro la palabra luz.

jueves, 22 de marzo de 2018

A destiempo



La mañana en la que el tiempo no comparezca, bien porque haya perdido el tren que lo trae puntualmente cada amanecer, bien porque se tome un día de fiesta que no le corresponda, esté o no justificado, porque eso no me incumbe fiscalizarlo; esa mañana, me digo, en la que los relojes desandarán los círculos y las citas dejarán sobre las páginas de las agendas la mancha de un poema minimalista, aprovecharé para desaparecer. Sin cumplir ningún preparativo me iré a oír los graznidos de las aves migratorias en los abruptos acantilados donde la realidad renuncia a la mezquindad.

martes, 20 de marzo de 2018

Lectura



Si la forma en la que se comprende lo que existe es una manera de leer, cuanto está ahí será una manera de expresar. Una escritura. Y también cuando se lee el tránsito de las nubes y el vuelo de las aves se pronuncia en su irse lo que impulsa al deseo. Leer y repetir lo leído era el medio de los antiguos para conocer. Ahora se usa un interruptor para desechar las sombras y otro para convocar las notas del piano, pero se camina por idéntica senda. Se dice lo que la luz escribe en la mirada para expresarse.

sábado, 17 de marzo de 2018

Cuadernos



No todas las palabras quedan anotadas. Dejo el lápiz un instante sobre el cuaderno abierto y los ojos pasan a leer la página que ofrece la ventana. Las hojas del albaricoque aleteando con el viento como si quisieran aprender a volar, las macetas ingenuas del alféizar, el pájaro que las merodea con insistencia, un trocito de cielo con una nube pizpireta que se muere por salir en el rectángulo de cristal que contemplo para llenarme de palabras que están ahí, conmigo, cuando escribo, pero que no apunto porque ya sé, y estoy seguro, que se podrán leer en las escritas.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Becqueriana / 131



De la lavadora la extraigo triste. Bueno, quizá solo arrugada y húmeda, pero con tantos pliegues y el agua que oscurece su viveza se parece a la melancolía. La extiendo con las manos y al extenderla es como si recobrara algo de alegría. Rugosidades aún abundan en el tejido, pero ya no mandan. Ahora las mangas, el talle reviven. Adquieren la forma que tuvieron antes de marearse en el centrifugado. Y en la cuerda, sujeta con dos pinzas de color combinadas con sus colores, al aire, revive igual que cuando un cuerpo la mueve con gracia y soltura. Tu blusa.

lunes, 12 de marzo de 2018

Becqueriana / 130



Hemos empezado a escribir, entre los dos, un libro. Tú le has puesto título: Manual de aves. Yo he preparado los bocadillos, los frutos secos, unos pastelitos japoneses de té verde y el agua para la primera jornada de escritura. «El nido». Será el capítulo inicial. Caminaremos por el bosque alzada la vista. Para descubrirlos. Preguntaremos en los pueblos, para que nos dejen entrar en los cobertizos. Desarrollaremos los siguientes aspectos: ubicación, medidas, materiales, formas, proceso y construcción. De los nidos. A casa regresaremos con el macuto vacío y con el cuaderno lleno de notas. Habrá que redactarlas. Otro día.

sábado, 10 de marzo de 2018

Becqueriana / 129



Todas las historias conducen a una única historia. Una playa. Salitre en el aire. Una mujer camina descalza. A lo lejos la figura de un marinero que extiende las redes en la arena. La espera. Un bosque. El viento agita las copas de los árboles, la vegetación. Un hombre camina ensimismado, ausente. A lo lejos la imagen de una mujer que corta un ramillete de salvia y aspira en su mano el agreste aroma. Le aguarda. Dos luces blancas al atardecer. Siempre hay una historia que está a punto de empezar. El final de cada frase coincide con el inicio.

jueves, 8 de marzo de 2018

# 584


La luna juega al escondite. Busca árboles altos, edificios, colinas para que nadie la vea. Luego, al entrar en una calle, al salir al claro, ahí está. Dice: aquí estoy. Con su círculo incompleto, pero con una luz que sobrecoge en la oscuridad. Corretea también por el cielo. Unas veces contempla el mundo a sus pies, otras parece que se pueda llegar hasta donde se encuentre sencillamente caminando en esa dirección. La luna, su inquietud, enseña algo sobre el tiempo: que la niña o el niño que cada cual ha sido continúa siendo quien juega al escondite con la luna.

martes, 6 de marzo de 2018

# 583


Entre las cepas, por las viñas, voces. Rumor de tijeras. Una bandada de estorninos convierte en pecosa la luz dorada de la tarde. Un tractor con remolque se acerca, a lo lejos. En el sendero, el otoño aguarda paciente con su equipaje de hojas, varas y sarmientos amontonados al pie. Las copas amarillentas de los árboles respiran con dificultad y se les cierran los ojos en el sofá del atardecer. El viento lo aprovecha para concertar citas secretas con sus hojas. Y quienes lo contemplan, caminan; conversación atenta a los silencios y mirada entregada a los diminutos descubrimientos. Sus clarividencias.

sábado, 3 de marzo de 2018

# 582

À memória da Maria Gabriela Llansol, dez anos de saudades

El sueño es la paisajista que planta el caballete, abre la caja con los tubos de pintura, dispone colores en la paleta, traza con carboncillo la línea del horizonte y pinta. Pero el paisaje que aparece no es el que ven los ojos del paseante fortuito que se detiene frente al cuadro y después mira lo que hay detrás. ¿Y por qué no hay nada en el lienzo de cuanto veo ahora delante?, pregunta el caminante accidental. La paisajista, con gesto pedagógico, le explica: No retrato lo que existe, sino lo que existirá porque queremos que exista. Soy tu sueño.

jueves, 1 de marzo de 2018

Maga Losnay, dietario # 581


El deseo es un don que la naturaleza entrega a los cuerpos. A veces en forma de lluvia y viento desatados sobre la realidad. Una avalancha que anega cualquier espacio que se habite. Una fisura en la esfera del tiempo que vierte sobre el presente las horas, las pasadas y aquellas que han de llegar, juntas y enmarañadas. Otras veces, en forma de duna. Suave sensación de deslizarse sobre una arena blanca a favor de una brisa amable. La naturaleza es un inmenso, inabarcable, tratado del deseo. Se estudia con paciencia de erudito y con voracidad de lector de tebeos.

martes, 27 de febrero de 2018

Aquí y allá | Encuentros | RMR


Crepitaban los guijarros en la suela de unos zapatos nada propicios para el sendero. Sin levantar la vista de la página, lo había oído llegar. Adecentó con un pañuelo el espacio que quería ocupar en el banco, a mi lado, bajo uno de los tilos del jardín. Sabía que era su lugar predilecto y por eso me había adelantado. Disimulaba. Se dio la vuelta para sentarse. Se sentó. Llevaba en las manos un volumen pequeño, encuadernado en piel. Al tiempo que lo abría, musitó un murmullo que interpreté como un saludo. Quise decirle mi apellido, él me habría respondido: Rilke.

domingo, 25 de febrero de 2018

Aquí y allá | Encuentros | FF


Nada más cruzar la puerta lo veo en un asiento del abarrotado atrio del aeropuerto. Fernando, al descubrirme, agita la mano como quien reconoce a un viejo amigo al que, sin embargo, acaba de ver por primera vez. Del avión bajo, o eso creo, sordo. Así que le oigo hablar e incluso yo mismo hablo sin que el sonido exista alrededor. Pienso que he aterrizado en Valladolid, pero tras un sintiempo que no sé precisar, en silencio me dice: Hemos llegado, ¿la conoces? Es una Cirrus Floccus. Por aquí se camina sin que el pie encuentre apoyo en el suelo.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Aquí y allá | Encuentros | EED


No podría afirmar que estaba contento con la plaza que me habían asignado, sin duda en Massachusetts hay mejores destinos, pero con el tiempo agradecí la tranquilidad y también el trabajo que me daba la señora Dickinson, de Main Street. Son harto descuidados los portes postales. Grasa, barro, hollín. A primera hora buscaba sus cartas y con un cepillo las limpiaba concienzudamente. Las aguardaba con anhelo. Eran su vida. No iba a entregárselas tal como llegaban, sucias y descuidadas. De hecho, lo hacía siempre en mano, para recoger las que ella enviaba. Antes que el de Amherst, era su cartero.

jueves, 15 de febrero de 2018

Aquí y allá | Encuentros | JAF


Abriste la cremallera de la mochila y extrajiste un libro. Bien, pensé. Acababa de levantarme para que accedieras al asiento de ventanilla. Volviste a introducir la mano y salió otro. Prevenido, añadí para mis adentros. No te quitaba la vista de encima, tú seguías a lo tuyo. Un tercero. Vaya, el viaje a Filadelfia resultará largo. Luego, un cuarto. Hay que cruzar el Atlántico, es cierto. Cuando apareció el quinto no sabía qué decirme. Fugitivo: no piensa regresar, se lleva la biblioteca consigo. Ante el sexto, Jesús, ya no pude reprimir algún triste tópico: ¿Es por si pinchamos una rueda?

domingo, 11 de febrero de 2018

Aquí y allá | Encuentros | FNP


Uma ginginha —oí a mi espalda antes de ni siquiera haber podido pronunciar una sílaba cuando el tabernero me preguntaba qué quería. De inmediato me di la vuelta con cara de ningún amigo y lo vi. Anteojos redondos, bigotillo ralo, rostro fino y algo desmejorado. Que sejam duas—gritó, aunque había entrado solo. Me dijo que se llamaba Ricardo o Alberto, quizá Fernando, ¿quién recuerda ya un nombre en el apelotonamiento de los días? Cuando nos las sirvieron, ofreció su copa para brindar. ¿Qué celebramos? —le pregunté. É horário laboral e no entanto cá estamos—y le brillaron los ojos.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Aquí y allá | Encuentros | RPE


Rafael: aquel mediodía portugués en Troia ya estaba sentado cuando ocupaste la última silla de la mesa del costado. Y bebía el vino de una cooperativa del norte que parecía pisado en un lagar de la época de Livermoore. El de tu mesa, elegido por un entendedor que jugaba en campo contrario, era común. Al poco me preguntaste mi nombre y, agradecido, te serví una copa de la ambrosía. Mientras el tiempo se detenía para ti tras ese sorbo, el mío se estancaba escuchándote elogiarlo. Hicimos un gesto y juntamos las mesas que el vino y las palabras habían unido.

sábado, 3 de febrero de 2018

Aquí y allá | Encuentros | MCS


Al tiempo que tú lo alargabas estiraba yo el brazo para alcanzar la única jarra que la mesonera —¿Maritornes se llamaba?— había dejado entre los dos. Y junto al asa las manos, una tuya, Miguel, y otra mía, se rozaron, pero no para saludarse. A la vez retiramos el gesto y a la vez con un movimiento de cabeza nos cedimos, uno al otro, el pichel de vino. Me miraste y te miré. Teníamos la misma edad y nos habíamos sentado a la misma mesa. Los brazos descubiertos de la tabernera dejaron delante sendos platos grasientos de las mismas alubias.

martes, 30 de enero de 2018

Becqueriana / 128


Con frecuencia escribo poemas en verso. La métrica, sastrería de sonidos, requiere cortar las telas con precisión, reunirlas de modo que parezcan siempre continuidad y coserlas sin que las costuras resulten visibles. En ocasiones también escribo poemas en prosa. Es como nadar en una piscina en verano. Se puede cambiar de posición constantemente, flotar o hundirse no importa, tampoco saludar desde el agua. Uno se siente libre en el cuadrado de palabras para subir o bajar en busca del efecto de realidad o de las sensaciones de un sueño. Pero a veces prefiero escribir eternos poemas efímeros sobre la piel.

domingo, 28 de enero de 2018

# 580


Desde la ventana la luz susurra una monodia que resucita los objetos. Se deja seducir la lámpara apagada por la historia que le cuenta el libro que anoche se quedó abierto bocabajo. Un escalofrío recorre la columna vertebral de la cómoda cuando la cortina al moverse levemente la roza. Le cuchichea versos desconcertados a los arabescos de la alfombra el tulipán en su traje de porcelana. Se miran con disimulo el edredón azul que abriga y la marina en la pared que refresca. Las cosas se trenzan en el cuarto. Aunque nadie se dé cuenta o no lo quiera escribir.

jueves, 25 de enero de 2018

# 579


No es de nadie. Si alguien al paso le lanzara una mirada de las que colocan un libro en su estante, entre dos letras no consecutivas. Pero tampoco. Si se detuviera apremiado de improviso, tan atento a los símbolos como a la naturaleza. Ensoñaciones. Los lugares de nadie que he hecho míos no son de nadie. Rincón que solo reconoce el olfato de un perro cuya dueña se ha detenido frente a un escaparate un momento antes de estirar de la correa para alejarlo de lo que no existe. Extrañas posesiones las del recuerdo, tan aficionado siempre a los olvidos.

martes, 23 de enero de 2018

# 578


Está la vida que ocurre y la que no tiene lugar. A veces elijo esta. Ocurre, tal vez, igual que la que ocurre, pero no tiene lugar. Carecer de lugar libera a la vida de sujeciones. Ocurre, sí, pero en ningún lugar. En un lugar que carece de las condiciones que cumple el lugar para que en él ocurra la vida. Que está libre de estas condiciones. No sujeto a ninguna condición, dado que es un ningún lugar. Es esta libertad la que me hace preferir la vida que no tiene lugar a la que ocurre. Ambas igualmente frágiles. Efímeras.

domingo, 21 de enero de 2018

Maga Losnay, dietario # 577


El momento en el que la barca se detiene y mis dedos juegan con la superficie cristalina del agua, en el lago. El tiempo tiene solo esta dimensión. Como en su metáfora se mueve, paso a paso, se cree que va siempre avanzando. Pero su camino transcurre siempre por el lugar por donde ha pasado. Es incapaz de salirse de la esfera y trazar en la pared, o en la muñeca, o en el campanario, un recorrido diferente, un irse sin saber hacia dónde. Al contrario de este momento, que crea espacios en lo desconocido, construidos para vivir un presente.

viernes, 19 de enero de 2018

Pablo García Baena


Una pluma del ave que se aleja en el cielo y entre las nubes parece que se pierde cuando hace tiempo ya que los ojos no la ven. La que planea las corrientes de aire y se posa con delicada mano sobre el barniz de la madera. Una elegía. El ángel que queda en el aire cuando el ángel se ha ido. La elegía, Pablo, a la que dedicaste la revista que cantaba con voces de alabastro. La elegía, Pablo, de los objetos que El Baúl salvaba. La elegía, Pablo, de versos que garabateabas en el cinematógrafo. Ángel, pluma: Elegía.

miércoles, 17 de enero de 2018

Becqueriana / 127



En el libro de la tarde quedan escritos algunos poemas. El que trazan las ruedas de la bicicleta sobre la arena del camino con caligrafía menuda pero infatigable. El que dibujan en el cielo las nubes blancas en letra meditabundas. El que sueñan los vencejos con su grafía acrobática. El que componen los tejados de la aldea, a lo lejos, cuando la mirada se da la vuelta al oír las horas en el campanario. El que transcriben las hormigas en filas que ascienden por los muros con trazos geométricos. Cuando se quede la página a oscuras, los recitaremos de memoria.